Los malos hijos. Cuando el Estado es la Madre y los hijos son malos.

Los malos hijos. Cuando el Estado es la Madre y los hijos son malos.

Somos malos hijos. Ni obedecemos ni nos cansamos de ser desobedientes. Malos hijos que maltratan a la Madre, desoyendo su afán protector y generoso, en constante advertencia preocupada. Hay demasiados malos hijos que hacen de su capa un sayo y salen a deshoras, se juntan en tumulto, abren botellón que pudre moral y principios. Esos malos hijos que miran para otro lado cuando se les pone delante su desvergüenza.

Malos hijos haciéndose selfies con mascarillas multicolores, que sacar el rubor ajeno por ese acto infame y deslenguado de querer ser protagonistas de una novela terrorífica.

Mamá quiero ser artista, ser protagonista

Desgracia social es la ciudadanía que no otorga beneplácito carnal, de sentimiento puro, que se mueve por interés, que alberga rencores a cambio de cariño regalado. Tantos malos hijos que paridos con dolor y lágrimas, siguen recordando a quienes les dieron la vida, que su bienestar está por encima de la tranquilidad y la armonía familiar.

Madre apenada por la estampa en la que se cagan esos malos hijos, ahuyentando moralidad y principios para dárselas de principales en la vida digital de tantos otros malos hijos que sólo ven su puñetero ombligo lleno de pelusas y maldades ignoradas. Artistas del sarcasmo matutino, cuando el café que espera se agria por el desagradecimiento de hacer lo que les viene en gana y encima creerse artistas de su comedia lagrimosa.

El llanto de la vergüenza obviada

El llanto de los malos hijos es la vergüenza que no quisieron tener, cuando hubieran podido domarse a sí mismos, encajando un revés que nunca llega; porque todo son algodones incluso aún siendo malos hijos.

Cuando el Estado es la Madre, preocupada y protectora del bienestar común de los hijos, aunque sean malos. Distinguiendo remilgos quejicosos por no poder salir durante cincuenta y tantos días, que no ha sido otra cosa que protección para ellos mismos. Pero luego, cuando la hora de la verdad llega, son los malos hijos los que empotran a la Madre en un desgarrado paredón donde la acribillan ante los demás. Esa falta de admiración a los propios, y exceso de clamor hacia los de la calle; que no son más que malos hijos. Más malos hijos, como los de los demás, que se travisten de ciudadanos ejemplares, y a los que un guantazo milagroso –como los que se daban hace 50 años- habría curado de su propio espanto vergonzante.

La crítica fácil y dañina

Cuán malos hijos pueden llegar a ser, que critican a la Madre por ser precavida, preocupada, entregada y dada de sí hasta una elasticidad de ciencia ficción.

Lo peor, ante los malos hijos, es subvencionarles vicios, estupideces, falsas necesidades y caprichos banales.

Porque hay muchos malos hijos destinando tiempo y recursos económicos, ajenos, de la Madre o del Padre, a mantenerse vivos digitalmente. Esa viveza que en las redes sociales no deja de parir comentarios absurdos y crítica fácil a la Madre; que es el Estado. Puedes verlos en cualquier momento, tantos malos hijos, propagando estercoleros de letras mal puestas y palabrotas que rigen su biblia mortal. Criticándolo todo, sin criterio alguno. Manoseando datos y tergiversando la realidad que nos está tocando vivir. Tumulto infernal de insultos y oleadas de baboseos al más básico código de estilo de la convivencia. Entretenidos horas largas, interminables, en la propagación de bulos, fake news y titulares de pacotilla, escritos por más malos hijos.

Pues, desde el respeto y el cariño a la Madre, que es el Estado, me cago en todos los malos hijos paridos.


Fotos del artículo

Foto cabecera: El Indenpendiente

Foto agresiones a periodistas RTVE: El Español

Foto hogar español: El Español

Nota del autor

Esta columna de opinión no forma parte de la línea editorial de esta página web, es meramente la opinión de un colaborador externo que desarrolla la profesión periodística con libertad y pluralidad, bases que exige el código deontológico de la profesión y que en estos tiempos son tan difíciles de encontrar.


En el marco de las libertades civiles consagradas en la Constitución, que constituyen la referencia necesaria para una sociedad plenamente democrática, el ejercicio profesional del Periodismo representa un importante compromiso social, para que se haga realidad para todos los ciudadanos el libre y eficaz desarrollo de los derechos fundamentales sobre  la libre información y expresión de las ideas.

http://fape.es/home/codigo-deontologico/

La Constitución de 1978 aportó a los periodistas, junto con otros derechos y libertades a compartir con el resto de los españoles, el reconocimiento y protección del derecho “a comunicar o recibir libremente información veraz por cualquier medio de difusión”. En el mismo artículo 20 en el que se contiene ese derecho fundamental, se habilita al legislador

http://www.cuadernosdeperiodistas.com/la-constitucion-protege-el-derecho-a-informar/

¿Te ha gustado este artículo? Compartiéndolo nos ayudas a difundirlo. Gracias.