El Efecto Demóstenes. El Orador Perfecto. La Oratoria. Técnicas para “Hablar como Demóstenes”

El Efecto Demóstenes. Oratoria. Técnicas para “Hablar como Demóstenes”

Demóstenes nació en Atenas hace algo más de dos mil años y fue una figura extraordinaria en oratoria. El Efecto Demóstenes pone de manifiesto que la expresión “Hablar como Demóstenes” es un propósito que puede alcanzarse por medio de la entrega y fuerza de voluntad que este político ateniense demostró al cambiar su manera hablar. 

Demóstenes era una persona persistente y locuaz. Aunque tenía una salud débil, uno de sus mas graves problemas era que padecía tartamudez. Este problema del habla le suponía un obstáculo en su afán de convertirse en una figura pública, en una Grecia que exigía poseer grandes capacidades de oratoria para lograr la aceptación pública.

Demóstenes se dio cuenta de que si entrenaba su voz, su habla, podría solventar el problema de tartamudez que sufría. Se planteó dejarse la piel, si hacía falta, para conseguir un habla correcta y definida.

Efecto Demóstenes en la oratoria

Las dotes de oratoria permitían acceder al mundo político griego. La cultura exigía como pasaporte para adentrarse en ella que se tuviesen proezas intelectuales. De este modo, en su afán de solventar los problemas que ya hemos descrito, Demóstenes padecía, aprendió retórica por medio del estudio de escritos y discursos de los grandes oradores que conocía.

Cuando era niño, Demóstenes tenía un defecto de elocución en el habla. Esquines se burlaba de ello, y se refería a él en sus discursos por el apodo que le ponían, Bátalo, que al parecer podrían haber inventado o bien sus pedagogos o bien sus propios compañeros de juegos.

A la edad de veinte años Demóstenes pronuncia sus primeros discursos judiciales. No hay que olvidar que durante una parte de su vida se dedicó a la abogacía y –como escritor- escribía textos para usarlos en pleitos judiciales.

La norma de la oratoria según Demóstenes

Cicerón aclamó a Demóstenes como “El Orador Perfecto” y Quintiliano le alabó como “Lex orandi” la norma de la oratoria y reconoció que se encontraba solo sobre el resto de oradores.

“Lex orandi” la norma de la oratoria

Según Plutarco, durante el primer discurso público del joven Demóstenes, la audiencia se burlaba de su problema de elocución (dificultad en pronunciar la /R/) y su extraño y correoso estilo, que estaba plagado de largas frases con argumentos formalistas hasta un extremo duro y desagradable. Afirmaba el de Queronea que tenía una debilidad en la voz, un habla extraña y difícil de entender y una falta de aire que, al romper y desenlazar las frases, oscurecía mucho el sentido y el significado de lo que decía.

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Se erigió como uno de los mejores logógrafos y oradores áticos. Según Longino, Demóstenes perfeccionó casi hasta la excelencia, el tono del discurso pasional, abundante e idealista.

Entrenamiento de la oratoria

Su entrenamiento para la oratoria era tan extenso y variado como su fuerte su afán de superarse a sí mismo. En el libro Demóstenes Practicando Oratoria, Jean Lecomte du Nouy cuenta que el griego estudiaba en una habitación subterránea que el mismo construyó. En aquel laboratorio íntimo y exclusivo, realizaba sus ejercicios de voz para combatir su tartamudez y mejorar dicción, tono y volumen.

Empezaba por ponerse piedras en la boca para recitar versos. Después, con objeto de fortalecer su voz, declamaba en la orilla del mar manteniendo el volumen de su voz por encima del sonido de las olas.

Con este estricto programa, Demóstenes se había marcado un objetivo primordial; superar las deficiencias en su locución.

Trabajaba su voz apoyándose en la gestualidad, trabajaba exhaustivamente su dicción y vocalización a nivel muscular y práctico. Su ahínco y devoción llegaron a ser proverbiales.

Las filípicas

Dentro de un discurso encendido, una filípica condenatoria y diatriba surge para condenar a un político en particular. Este término, la filípica, proviene de una actuación de Demóstenes que profirió ataques contra Filipo II de Macedonia.

Buscó preservar la libertad de Atenas y establecer una alianza contra Macedonia en un intento sin éxito de impedir los planes de Filipo de expandir su influencia hacia el sur, conquistando las ciudades-estado griegas.

Sátiro y Demóstenes

La primera ocasión en que abandonó la Ekklesía, que era la asamblea ateniense, Demóstenes se mostró apesadumbrado.  De camino a su casa se encontró con un anciano llamado Eunomo que le animó diciéndole que su dicción estaba casi al nivel de la de Pericles.

En otro de sus momentos en la Eklessía, se negó su escucha y al retornar a su hogar cabizbajo, un actor llamado Sátiro le animó como una conversación.

El poder divino parece haber diseñado originalmente a Demóstenes y a Cicerón bajo el mismo plan, dándoles muchas similitudes en sus caracteres naturales, tales como la pasión por la distinción y su amor por la libertad en la vida civil, o su exigencia de coraje frente a los peligros y la guerra, a la vez que añadió muchos parecidos accidentales. Creo que difícilmente se puede encontrar otros dos oradores que, desde unos comienzos oscuros e insignificantes, se hicieran tan grandes y poderosos; que ambos se enfrentaran a reyes y tiranos; ambos perdieran a sus hijas; fueran expulsados de su país y retornasen con honor; que, huyendo de nuevo de ahí, fuesen ambos capturados por sus enemigos y finalmente acabasen sus vidas a la vez que la libertad de sus compatriotas.

Plutarco, Demóstenes, 3

Frases de Demóstenes

„La manera más rápida y segura de combatir la censura es corrigiéndonos a nosotros mismos.

„Los grandes sucesos dependen de incidentes pequeños.“

„No hay nada más fácil que el autoengaño. Ya que lo que desea cada hombre es lo primero que cree.“

„Si quieres ser feliz enteramente solo, jamás lo conseguirás.“




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