Vulgarismo fónico. Definición y tipos de vulgarismos fónicos del castellano.

Definición y tipos de vulgarismos fónicos. El vulgarismo fónico en el castellano.

El vulgarismo fónico es una expresión fonética que emplea una palabra o forma, en vez de la palabra correcta. Los vulgarismos fónicos está a años luz de la lengua culta. Es cierto que hay expresiones que la modernidad ha dado cómo válidas, por ello realizamos un repaso por la definición y tipos de vulgarismos fónicos del castellano.

¿Qué significa vulgarismo?

Según la Rae, vulgarismo es un «dicho o frase especialmente usada por el vulgo».

Vulgo, del latín vulgus, es «conjunto de gente popular o conjunto de personas que en cada materia no conocen más que la parte superficial».


El vulgarismo fónico de la «d» por la «z»

Se dice que de ‘Madrid’ al cielo, y de ‘Madriz’ al suelo. En ámbitos cultos no es aceptado este vulgarismo que tantísimo oímos en la calle y en los medios de comunicación. Decir Madriz en vez de Madrid es un craso error que identifica el escaso bagaje y capacidad intelectual de quien lo pronuncia.

Cuando una palabra acaba en D, Z, o S, es para decirla , pronunciarla o escribirla como debe hacerse. Lo demás es tonteria, snobismo, o progresia cursi. En el caso de MadriZ, fué una forma chulesca de hablar en la época del «Pichi de Las Leandras» Celia Gámez lo puso de moda, pegó y se vulgarizo. pero…está mal dicho.

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De la salud a la saluz

Más y más vulgarismos fónicos, como es este de salud a saluz. En estos tiempos en los que lo primero, la salud, está tan en riesgo y en boga -al mismo tiempo- es posible escuchar a políticos ante las cámaras de televisión y micrófonos diciendo lo primero, la saluz.

Ni más ni menos. Así que pensar que con ese vulgarismo fónico la persona que pronuncia manifiesta estar culturalmente preparado para el cargo que ocupa, es un error mayor. Quien diga saluz en lugar de salud se ha ganado un plaza en el más sonado ranking de pseudo analfabetos.


Hay un verbo que, aunque en el diccionario pone que está en desuso, se sigue empleando. Es «judgar» y el sustantivo «judgados». No es posible pasar la dental D a la interdental Z.


Arcaísmos Vs vulgarismos

Nuestra lengua, la tan afamada y rica lengua de Cervantes, experimenta un estado de evolución constante. El hecho de que la sociedad se invente nuevas palabras y expresiones o aquellas arcaicas pasen o no al olvido; depende la cultura de las gentes y su inquietud de mantener nutrida su verborrea.

Así, el vulgarismo fónico es una deformación fonética que evidencia un bajo nivel cultural.

Tipos de vulgarismos fónicos

  • Aumentar el número de sílabas como Arrejuntar, cuando lo correcto es juntar.
  • Modificar la composición de consonantes. Celebro, en vez de cerebro.
  • Cambiar vocales. Cementirio, en lugar de cementerio, canelón, en vez de canalón.
  • Inventar y aumentar las letras. Asín, cuando lo correcto es así.
  • Eliminar letras. Toavía, cuando es todavía. Nootros, siendo lo correcto nosotros.

Un arcaísmo es un palabra o expresión que está en desuso en la lengua actual. Los arcaísmos en español son términos del pasado. Son relativos cuando se usan en zonas pequeñas del país, pero son absolutos cuando se han dejado de utilizar en todas las ramas del español.

Morfosintácticos, laísmos, leísmos, loísmos y dequeismos

Son vulgarismos morfosintácticos, aquellos que modifican la estructura de la palabra. Ese cambio de vocales -por ejemplo- en el tiempo pasado del verbo hacer; Hice por hací. Otro vulgarismo de este tipo es también la inversión del pronombre, Te se ha caído la cartera.

Las ultra correcciones, o como denominamos en la redacción, los finismos: Bacalado, en vez de bacalao.

También los laísmos, leísmos y loísmos. Ese uso erróneo del pronombre lo o los como complemento indirecto masculino que se usa igual para personas o cosas: «A sus padres los llevó al hospital». Lo correcto sería «A sus padres les llevó al hospital». Así como «A María la picaba todo el tiempo la mano», cuando lo correcto es «A María le picaba todo el tiempo la mano».

El uso inapropiado de la preposición antes de la conjunción es un dequeísmo. Decir, por ejemplo, «me alegra de que estés bien» es un claro ejemplo. Lo correcto es «me alegra que estés bien»

Dejémoslo por hoy, así podremos digerir el horror dialéctico que suponen estos vulgarismo fónicos que tanto rompen la armonía auditiva.

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